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Argentina y la maldición de julio... Grondona

sagb2103

por Sergio A. González Bueno

ha publicado 6 artículos, 2 sobre Copa América

 

Martes, 19 de julio de 2011 - 17:20

El fútbol argentino está desangrado y en terapia intensiva; pasadas más de tres décadas de autoritarismo y gestión personalista del “Jefe” Julio Humberto Grondona, la Selección sufre una patología afín a los equipos anárquicos: confusión y falta de identidad. Entre tamaño caos de conducción, la lógica indica que el paciente albiceleste no puede estar ajeno al crónico lastre de una administración psicótica e incapaz. Hecha la salvedad del principal responsable del descalabro, las incoherencias discursivas y resolutivas de Sergio Batista merecen un apartado. El entrenador “perfil bajo” elegido a dedo por Julio Grondona se entregó a la florida y ambiciosa diatriba de mirarse en el estético espejo del Barça y de España. Lanzada la menottista declaración de principios, Batista omitió el detalle -no menor, por cierto- de que el Director de Selecciones Nacionales es un tal Carlos Salvador Bilardo. Y que para imitar a los soñados modelos ibéricos, más que populistas frases de ocasión, hace falta materia prima selectiva y años de esmerado trabajo en el ideario. Imposibilitada de clonar a Alves, Busquets, Xavi e Iniesta y ensayando a reglamento por culpa del calendario, la Selección jamás podrá parecerse a los esculpidos moldes que anhela. Mal que le pese al romántico club de los ilusos que compró a ciegas la quimérica verba del DT. Amén de la retórica, Batista resta a la hora del armado del equipo. Fiel a sus ¿convicciones?, en el penoso inicio de la Copa América ante Bolivia y Colombia el entrenador dispuso un mediocampo con tres volantes defensivos. Todo un atentado al buen gusto. Y, cuanto menos, una lectura kafkiana de los admirados paradigmas del Barça y La Roja. Paradigmas que, expuesta la miserias futboleras de Argentina, fueron menospreciados en nombre de la rica historia de la Selección. Analizando el juego, Banega, Mascherano y Cambiasso no se complementaron nunca. Además, la trilogía de cincos made in Checho jamás se caracterizó por tener pies de seda. Huérfana del primer pase, la Selección adoleció de futbolistas imaginativos a la hora de la creación. Y de juego asociado para explotar al confundido as de espadas Lionel Messi. Destrozada por la crítica y la clase obrera de la pelota, el somnífero filme titulado “180 minutos y ningún pase a un compañero” debió -irremediablemente- mutar el fatalista guión. Allí entró en escena un Batista pragmático aunque contradictorio. Gago pasó de olvidado a imprescindible; Banega, de indiscutible socio de Messi a ninguneado; Tévez, de jugador del pueblo a culpable de todos los males; Kun Agüero, de suplente a Salvador; Cambiasso, de referente a relegado; Higuaín, de cuarto delantero a primera opción ofensiva. ¿Alguien puede explicar la titularidad inamovible de Burdisso y Milito? Un dislate sin sentido cuyo mayor responsable tiene nombre y apellido: ¡Sergio Daniel Batista! Para colmo, el engañoso triunfo ante la selección Sub 21 de Costa Rica obnubiló al cuerpo técnico y al entorno. Repuesto de los golpes por duplicado en su autoestima, el DT no tomó nota de la real dimensión del oponente. Hasta que en el horizonte apareció Uruguay… Uruguay no sólo es garra y carácter; la Celeste es un colectivo altruista que se tutea a menudo con la épica. Motivados por el aura de los míticos héroes del Maracanazo (¡honor al recuerdo de Obdulio Varela y demás guerreros orientales por los 61 años de la segunda Copa del Mundo en la República del Mate) los charrúas se juramentaron entrar en la historia. Y vaya si lo consiguieron. Eliminaron lealmente al organizador de la Copa América. Ni siquiera la temprana expulsión del Ruso Diego Pérez pudo frenar tanta enjundia. ¡Emociona ver jugar a Uruguay! Y apena observar a una Argentina sin brújula, perdida en el contaminado océano de la calle Viamonte. ¿No habrá llegado la hora de la refundación del fútbol argentino? Concluyendo, abogo porque no se compare más a Messi con Maradona. Caso contrario, el daño perpetrado a Leo será terminal. Diego es y será irrepetible. Por personalidad, liderazgo, rebeldía e influencia maradoniana desanimo a los osados que postulan la precipitada teoría del parangón. Dejen que Messi sea Messi. Y no lo crucifiquen por no ser Maradona. El primero que sabe que tiene una cuenta pendiente con la Selección es Lionel Messi. Sólo el tiempo será testigo de si es capaz de saldarla. O será que Messi, muy a su pesar, está padeciendo las infames secuelas de la maldición de julio… ¡Grondona!                                                                                                             Sergio A. González Bueno                                             

  2 comentarios

anónimo

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sagb2103
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Sergio A. González Bueno 2
hace más de un mes

Me alegro que te haya gustado mi editorial. ¡Abrazo de campeón! respuesta a #1

anónimo

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anónimo
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anónimo 1
hace más de un mes

¡¡¡Qué bueno!!!

anónimo

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