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Jueves, 18 de agosto de 2011 - 20:35
A pesar de Mourinho, al Barça le sienta de maravillas el perfume del campeón. Una vez más, la justicia poética premió un modelo que no traiciona raíces y respeta la identidad culé a rajatabla. Una marca registrada de la casa trasmitida por educadores de la talla de Oriol Tort, Laureano Ruiz, Carles Rexach y demás soñadores de Arístides Maillol. Aupado por la savia canterana, el FC Barcelona le declaró amor eterno a la gloria. Y la codiciada dama de los títulos se enamoró perdidamente del apetecible galán blaugrana. Tan fuerte es la ligazón afectiva que los une que, tras recibir ciento ochenta minutos de terrenales piropos, la ilustre prometida le retribuyó tres años de fidelidad con la caricia de su onceava vuelta olímpica. Primer dato relevante: ¡la Masía huele muy bien!
Falto de rodaje, el fútbol del Barça careció de romanticismo. Tanto que mutó su delicioso estilo barroco por una contundencia made in Madrid. Inseguro en defensa y bloqueadas las usinas generadoras de juego por la asfixiante presión madridista, el once de Pep no fue reconocible. Y las alarmas de la derrota se encendieron peligrosamente. Decodificando la blanca amenaza, bajó de las alturas el ángel de Rosario, más conocido como Lionel Andrés Messi. Mezcla de Diego, Gardel y Fontanarrosa, el letrista de las hazañas enmudeció al Bernabéu e hizo delirar de emoción al Camp Nou. Tres obras de arte dignas del Museo Picasso fueron su genial legado de Supercopa. Pesadilla en Concha Espina, el arrabalero cantor argentino entonó 13 melodiosos gritos de tangol en 15 duelos oficiales ante el Madrid. Segundo dato relevante: ¡nunca subestimes al Barça. Mucho menos si juega Messi!
Impotente por los repetidos logros del FC Barcelona, Florentino vendió el alma al diablo… José Mourinho. Y el entrenador luso, sacando provecho del status de Primer Ministro con plenos poderes, maneja el Madrid a su antojo. A tal punto que el presidente de la Casa Blanca parece Mou y no Pérez. Noble es reconocer que el míster merengue planteó una estrategia inteligente para frenar el circuito de gestación del Barça. Y que el Madrid hizo méritos para ganar. Pero siempre hay un pero en Mourinho. Una vez más, siguiendo las innobles directrices del entrenador, los soldados Pepe, Kedhira y Marcelo convirtieron un partido de fútbol en una guerra. Y la repetición implica causalidad. ¡Cómo debe extrañar la afición madridista las épocas en que los referentes eran Di Stéfano, Puskas, Raúl, Michel, Butragueño, el “verdadero” Ronaldo, Zidane! En verdad, da pudor que los jóvenes hinchas del Madrid aclamen las alevosías de Pepe. Gran mérito de Mourinho… En cuanto a la escandalosa gresca del final, insto a las autoridades a aplicar las sanciones que correspondan. Como dijo Pep, las imágenes hablan por sí solas. Tercer dato relevante: ¡la educación no sabe de millonarios ni de irrespetuosos!
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3 comentarios
Muy bueno, me ha molado bastante.Nunca subestimes a este equipazo, ni en sus horas bajas.El oso que sale del letargo también te puede despedazar de dos zarpazos...