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Lunes, 20 de febrero de 2012 - 09:12
Este equipo carismático, que sigue vigente hasta nuestros días, surgió en 1926, cuando Abe Saperstein quiso ofrecer algo diferente a los aficionados del basquetbol en el estado de Illinois y junto a sus compañeros comenzó la configuración de un equipo, que posteriormente derivó en leyenda. La idea original de Saperstein era jugar contra los adversarios que quisieran enfrentarlos, para hacer de sus encuentros más que un juego, un espectáculo lleno de gracia y movilidad..
En un principio la esencia del equipo era formar quintetos con jugadores que poseían un talento peculiar. Esa estrategia superó todas las expectativas y nació así el espectáculo deportivo más visto en este planeta. Para muchos niños y jóvenes siempre ha sido un sueño formar parte de ese baloncesto distinto, de ese equipo distinto, que hace de la vistosidad de las acciones el paradigma sobre el que se mueve cada uno de sus partidos.
Visto lo visto, no debe andar muy lejos de esa concepción y filosofía de juego, lo que nos ofreció la última jornada liguera en el Camp Nou. El Valencia, como tercer clasificado visitaba el estadio. Lo hacía ante un equipo instalado en la duda. Dudas en el banquillo, dudas en su juego, y dudas en el devenir de una competición que parece ya imposible para los intereses blaugranas. Y contrariamente a lo que pudiera parecer, ante un equipo visitante, que ha puesto en los tres compromisos precedentes en serios apuros al once de Guardiola, ayer, los valencianos, se asemejaron mas a los Washington Diplomats, mítico rival de los de Harlem, que a un rival que realmente quisiera poner en disputa el segundo lugar del campeonato liguero.
Parecía el Barça más desinhibido que nunca, más suelto. Como si su última derrota en el Reyno de Navarra, hiciera que los jugadores de deshicieran de las tensiones acumuladas, ante las casi nulas aspiraciones que quedan en esta competición. Tensiones que les obliga a disputar cada partido con la amenaza constante de lo que una derrota puede suponer, ante un rival que no falla nunca, y que ha puesto la tarea de la persecución casi imposible. Y así, con trece puntos de diferencia en la clasificación, y con la mirada más puesta en el retrovisor que en el parabrisas, los jugadores azulgranas saltaron al campo con un único objetivo: ofrecer un grandioso espectáculo.
Y los Messi, Iniesta, Aléxis, Piqué y Busquets (por nombrar un quinteto inicial), se mimetizaron en los ya míticos nombres de jugadores legendarios de ese equipo de Trotamundos que formaba a su vez con mitos de la talla de Wilt Chamberlain, Medowlark Lemon, “Curly” Neal, Hubert “Geese” Ausbie, Marques Haynes o “Gosse” Tatumy.
Y a pesar de que en el minuto 8, Piatti adelantará a su equipo, en el único disparo a puerta de los visitantes en la primera parte, los locales generaron tal cantidad de juego, que a día de hoy el portero “che”, debe estar pensando en pedir aumento de sueldo en concepto de horas extras. La portería valencianista se asemejaba a esas barracas de las ferias en las que por tres euros tienen la posibilidad de disparar sin oposición. Y en un pim-pam-pum sin precedentes esta temporada, cada internada azulgrana acababa en disparo. Ahora a los pies del portero, ahora a las manos, ahora a un palo, ahora un disparo desviado, y ahora un gol.
Gol que venía siempre asociado al nombre de un pequeño jugador argentino, que ayer disputaba su partido número doscientos como jugador azulgrana en Liga. Doscientos partidos increíbles, y con un rendimiento estratosférico, que le dejan, después de los cuatro goles marcados ayer, a sólo una docena de goles del máximo goleador azulgrana de toda la Historia: Cesar.
Y es que Messi, ayer también recordaba a otro de esos jugadores míticos de baloncesto, que hizo del showtime en los californianos Lakers su modo de vida. Una carrera endiablada, un regate sublime, una asistencia generosa, una defensa feroz, y un poder de definición brutal asemejaban al rosarino al mítico Earvin “Magic” Johnson. Ambos, cada uno en su disciplina representan el máximo valor de lo que es el deporte. Un juego para, y por el espectáculo, demostrando que el camino hacia las victorias no se mide únicamente por la ley del marcador.
Pero sería injusto destacar sólo a Messi en el partido de ayer. Cada uno de los catorce jugadores que intervino en el partido ofreció casi su mejor versión. Las endiabladas carreras de Montoya por banda, las galopadas de Aléxis Sánchez, la magia de Iniesta, la solvencia de Piqué, la pausa de Busquets, la fuerza de Cesc, el liderazgo de Pujol, el ritmo de Pedro, el descaro de Tello, y los reflejos de Valdés en la única jugada que lo requería, mostraron que, tal y como dijo Guardiola posteriormente en rueda de prensa, el nivel de este equipo está muy lejano a lo que esos diez puntos reflejan en la clasificación. Diez puntos, perdidos, por múltiples causas y circunstancias, y que en un goteo constante, han dejado al equipo demasiado lejos de su rival.
Pero si esa distancia, sirve de detonante para presenciar partidos como el de ayer, bienvenida sea. No sólo de puntos y campeonatos vive el espectador. A veces, noches como las de ayer, hacen ver, que también se puede disfrutar en la derrota, instalado cómodamente en tu butaca, y presenciando un espectáculo que nadie, y digo nadie, es capaz de ofrecer.
Retomando el hilo de la inicial comparación de este post, podemos decir sin temor a equivocarnos que hablar de los Harlem Globetrotters es referirse a una decena de prestidigitadores de la pista, convertidos en los mejores jugadores de la historia, y que todavía en la actualidad siguen siendo un equipo legendario alrededor del mundo. ¿No es esa una definición que se acerca bastante a la que se podría hacer del equipo culé?
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