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El banquillo quema.

jcarrasquet

por José Carlos Carrasquet

ha publicado 80 artículos, 78 sobre Barcelona

 

Jueves, 23 de febrero de 2012 - 12:30

 

 

Esta es mi quinta temporada como entrenador. Entrenador de fútbol de base en uno de los equipos con más historia de la ciudad de Barcelona. El F.C. Martinenc. Han sido cinco años en las que he tenido ocasión de compartir vestuario y vivencias con niños de múltiples edades. Alevines, infantiles y cadetes han pasado por el vestuario. Cinco equipos diferentes, casi cien niños y adolescentes he tenido la oportunidad de conocer.

 

Junto a ellos he compartido vivencias de todo tipo. Luchar por un ascenso, intentar evitar un descenso, mantenerse en media tabla, e incluso un cese. Las temporadas, a finales de Agosto, siempre empiezan de la misma forma. La ilusión de ver a los jugadores. Las expectativas de los nuevos entrenamientos. La puesta en práctica de las nuevas ideas gestadas en el verano. La pretemporada. Cada inicio de temporada crea unas expectativas, que hace, que en ese punto cero, las ganas de trabajar y la motivación sea máxima.

 

Pero el tiempo transcurre, el horario cambia, desaparece el sol de las sesiones, y el frío se instala en el campo. El pantalón corto deja paso al chandal, y éste al abrigo, el gorro y los guantes. El trato con los jugadores, niños en ocasiones, adolescentes en otras, no siempre es fácil. En un principio se instala el respeto que la falta de confianza genera. Pero a medida que el año y la temporada transcurre, instaurar una disciplina, un sistema de juego, unas pautas de comportamiento, e intentar enseñar lo que el fútbol significa como deporte, son tareas arduas que no son siempre bien interpretadas. Tres sesiones semanales. Tres sesiones diferentes que intentan que el tedio no nos venza. Tres sesiones para preparar el partido.

 

En un equipo de base no hay ruedas de prensa, y no hay medios informativos que sigan tu actividad. Casi no hay público. Los familiares más cercanos de cada jugador se convierten en su máximo seguidor. Familiares que siguen con devoción las evoluciones de su hijo, nieto o sobrino. Público que se apasiona, a veces a niveles insospechados. Pasión, que en ocasiones se desborda, y convierte el partido en un escenario infernal para el árbitro de la contienda. Árbitro muchas veces inexperto, sin ayudantes en la banda que le asesoren en las tareas del fuero de juego. Sin cuarto árbitro para que vele que en los banquillos reine la calma.

 

Y al final de cada encuentro, si la victoria acompaña la sonrisa se ve reflejada en casi todos los chavales del equipo. Sobre todo en aquellos que han disputado más minutos, o que han tenido la suerte de marcar uno de los goles. Hay otros, que independientemente del éxito o fracaso no participan de la misma forma. Han jugado poco. En ocasiones, pocas, muy pocas, apenas han disfrutado de minutos. Te piden explicaciones. Yo he venido a jugar!!!!. Mi hijo, mi nieto, mi sobrino ha venido a jugar!!!!.

 

Y en la derrota, que es de uso muy común, los jugadores que en estas edades no entienden de fases de aprendizaje, y que únicamente desean alcanzar el resultado positivo como objetivo, la decepción es general. El vestuario se desmotiva, los entrenamientos se eternizan, las órdenes se ignorar.

 

Y así, a medida que pasa el año, y en febrero, cuando el frío es más intenso, cuando los problemas se repiten, cuando las cosas no van, o simplemente cuando la repetición de una actividad te agota, siempre te planteas que este será tu último año. Acabo la temporada y  lo dejo!!!. No vale la pena el esfuerzo!!. No encuentro la motivación para seguir!!. Podría hacer tantas cosas en el tiempo que dedico a preparar los entrenamientos, las sesiones, los partidos, los desplazamientos… Tantas cosas!!!

 

Y entonces recuerdas a Álex, aquel jugador que tuviste en alevines, un media punta que no levantaba un palmo del suelo, y que ahora de cadete está jugando en División de Honor. O recuerdas a Pol, que todavía sigue en el Martinenc, y que este año sigue invicto en la Liga. O a Aitor, que con más de metro noventa despunta ya en el juvenil. O Ferrán, o Gabi (¿dónde estará), o Sergi, o a Diego… Y entonces te preguntas:. qué cosas puedo hacer que me gratifiquen de esta forma?. Y si la respuesta es ninguna, es entonces cuando sabes que el próximo mes de junio, cuando la temporada finalice, el sol vuelva a calentar las sesiones, los torneos post-temporada estén en juego, y el pantalón corto vuelva a formar parte de tu indumentaria, subirás a coordinación y pedirás un nuevo equipo para el año próximo. De hecho, pediré el mismo. Me apetece ver si con un año de evolución los Gerard, Alvaro, Raul, Álex, Pep, Pablo;Pol…. pueden dar mas. Yo estoy seguro de que sí.

 

Esta es una historia muy particular. Una historia de equipo modesto. De equipo de barrio. Una historia que multiplicada por mil, se puede trasladar al mejor equipo de mi ciudad, y al igual que yo cada mes de febrero, en mi vestuario, me cambio, observo mis notas, preparó el material, y saludo a mis jugadores, otro técnico, mucho más capaz, más laureado y con más inquietudes que las mías, debe sentarse en su despacho y pensar… hay tantas cosas por hacer!!!... Veremos si el tirón de poder ver si los Gerard, Messi, Pujol, Tello, Cuenca, Cesc, Alexis, pueden dar más, hagan que, al igual que haré yo en junio, Pep vaya a coordinación y exprese su necesidad de continuar con el mimo equipo. Yo estoy seguro de que sí.

  1 comentario

anónimo

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Andy_culer
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Andy_culer 1
hace más de un mes

Me ha gustado mucho. Realmente, cuando hablas de tu propia vida (como cuando eras pequeño y jugabais en la calle) consigues captar totalmente nuestra atención. Enhorabuena y ojalá tengas razón.

anónimo

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