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Los complejos del Madrid

extrizquierdo

por extremo izquierdo

ha publicado 42 artículos, 13 sobre Real Madrid

 

Jueves, 23 de febrero de 2012 - 19:27

El tema de la final de Copa acabará como Dios manda. Con el Madrid como una pobre víctima sometida a las malas artes de un Barça facineroso y pendenciero.

Algo tan fácil como reconocer que, con la actual coyuntura, al madridismo le apetece menos que poquito ceder su estadio para fastos y celebraciones blaugranas, se ha convertido en un cansino juego del gato y el ratón.

Las excusas son variopintas, pero aunque Guardiola haya dicho que el Barça no irá donde no le quieran, los esfuerzos de los de siempre se centran ahora en demostrar que el Barça es un acosador (el Athletic no, no vaya a ser que los vascos se reboten cuando aún queda pendiente la visita liguera a San Mamés), que disfruta hostigando a un pobre Real Madrid ocupado en alicatar baños y celebrar la 10ª el mismo día de la final.

El ínclito Alfredo Relaño, por ejemplo, insiste hoy en su blog sobre la teoría de la correspondencia basada de la negativa del Barça a ceder el Camp Nou para la final de 2004. Es mentira, él lo sabe, pero no importa. De lo que se trata es de salvaguardar el mítico pero engañoso señorío madridista.

El tema, por cansino, aburre. 

Al barcelonismo (al menos a la mayoría) se la trae al pairo jugar la final de Copa en el Bernabéu, en Mestalla o en el Nuevo Altabix. El morbo habría estado en oír decir al Sr. Butragueño, o a cualquier otro enviado del Ser Supremo, que al Madrid no le salía de las gónadas poner la pista de baile para la verbena vasco-catalana (sobre todo catalana). Pero si va a ser que no, pues nada, que hagan sus reformas en mingitorios y cagaderos y punto (pelota).

De lo que deberían preocuparse en el Real Madrid y en su caverna mediática es en reconocer que, en su constante y obsesiva huida hacia adelante, están engendrando un enorme complejo en el madridismo. Ese nuevo complejo (¿de inferioridad?) se camufla, por supuesto, con el ya proverbial, con el histórico, complejo de superioridad blanco. ¿Contradicción? ¿Paradoja? No. Simple negación de la realidad.

El madridismo se siente más cómodo en su particular realidad virtual, la de los diez puntos (diez puntos reales, eso si) que en la cruda materialidad ganadora en la que se ha instalado el anticristo barcelonista (la de los trece títulos de dieciséis posibles, la del concepto).

No tiene ningún sentido haber hecho del supuesto señorío, de las vetustas Copas de Europa a porrillo, del inteligente dominio de los estamentos federativos y de la burla de la madriditis ajena, el leitmotiv de toda una institución, si después dejas esa institución en manos de Florentino y Mourinho, menosprecias los logros del rival, pergeñas y expandes el villarato y caes en una jamás admitida, pero absolutamente galopante, barcelonitis aguda.

El Barça tiene tantos defectos como el Real Madrid (o más), pero no niega que el victimismo haya sido una de sus señas de identidad, ni que el Real Madrid haya sido la estrella invitada de sus pesadillas, ni que Gaspart sea una reencarnación diabólica del Sr. Burns.  

El Barça se presenta cada año ante su afición, eso si, rindiendo homenaje a un suizo al que le dio por pintar unas camisetas con los colores de su cantón natal. El Real Madrid, sin embargo, pese a ser fundado en 1902 por catalanes, parece haber nacido con la llegada de don Santiago Bernabéu a la presidencia y de una escamoteada saeta rubia a los terrenos de juego. 

Será por eso que Karlos Argiñano les hace tan poca gracia...

 @extrizquierdo

  2 comentarios

anónimo

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Andy_culer
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Andy_culer 2
hace más de un mes

Estupendo artículo. Ahora parece que llevan la discusión a si, en caso de una hipotética victoria, los pérfidos seguidores culés llevarían su celebración a la Cibeles. Naturalmente, es lo que está en la mente de todos nosotros, claro. Es curioso que los únicos que piensen en celebraciones sean los seguidores de un equipo que no está en la final, ni jugando, ni como anfitrión.

anónimo

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anónimo
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anónimo 1
hace más de un mes

Real como la vida misma.

anónimo

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